A la muerte

O reina de los terrores, cuyo dominio ilimitado
pide obediencia a todo lo que tiene vida;
el rey, el prelado, el profeta, te pertenecen,
tampoco Dios (encarnado) pudo soslayar tu golpe.
Mi nombre está en tu libro, y estoy segura
de que acrecentará tu sombrío reino en el polvo.
Mi alma no siente aprensión ante esto
pero le teme a tus espadas, a tus potros, a tus engranajes,
a tus fiebres ardientes que confunden los sentidos
y nos arrebatan de aquí en el desvarío, desprevenidos;
y a tus dardos contagiosos, que hieren la mente
de los amigos acongojados que esperan a la cabecera del muriente.
Ahórrame esto y deja que tu tiempo llegue cuando sea el momento;
mi faena es morir, la tuya, matar.
Hunde en mí tu cetro gentilmente
y tómame, te ruego, en tus fríos brazos sin que lo perciba.

(Versión al español de Elina Montes. Texto en inglés, presione aquí)

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